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Mi mente inquietante,
me transporto a paises remotos.
De fantásticos palacios;
de mujeres anhelantes;
de músicas sensuales y extrañas,
que sumían los sentidos,
en lejanos y perdidos paraisos,
de pasiones enervantes...
La sed del Cairo, ¡secaba mi garganta!
y excéntricas mujeres, desvestidas
mostrabanme sus ansias,
temblando sus caderas... |
Se apretó entre mis brazos.
Sus senos palpitantes,
rozaron por mi cuerpo,
con eléctrico tacto.
Mis manos afiebradas
buscaron en sus muslos
la sed de poseerla...
Su aliento me quemaba,
¡Con fiebre de locura!
¡Mia!...Ya iba a hacerla...
y cuando mis ansias, todas
iban a poseerla...
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Mi cerebro estallaba.
La musica oriental arrastraba notas,
incitantes y raras.
La penumbra invitaba
y en la penumbra apenas,
junto a mi cuerpo hirviente...
...¡Cayó la musulmana!...
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Mi mente, adivinando,
mis íntimos sentidos
perdidos en la noche,
me libro del ensueño,
Se alejaron las brumas.
Se aquietaron mis ansias
y murió con El Cairo...
¡Aquel mágico sueño!... |