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El sabor amargo del vacío,
derrama,
la melancolía en este mi mundo, sombrío,
dejando mi alma a merced del viento,
llevándola a la deriva.

Agazapado en la luz tenue,
lágrimas bañan mi rostro
acariciándolo,
explicando
eso que jamás podrá soltar,
¡ay! mi Mariela,
entre esas sombras
que me atormentan...
estas tu.

Mutilado mi amor,
cruzó el umbral hacia el
invierno
con la eutanasia adherida,
ahora, mi único abrigo.
Sólo queda esperar que este temporal
congele este sentir,
para no volver a
latir por ti,
Mariela, dejándolo aletargado ya para siempre.

De esta metamorfosis,
llegué
a este
último peldaño,
entregándome el resto de mis días a la apatía,
en donde las horas impías que se sucedan,
golpeen como un eco sin retorno,
dejando yacer en mi mundo los recuerdos.

Es así como
a
mi
alma
aferrada a su último deseo,
la maté.
Aún viéndola vivir,
la
sepulte junto a sus
anhelos.
Y
el suspirar por sus besos,
mirando las estrellas al despedirse,
meditabunda, llora de alegría ,
viendo como su
testigo incondicional,
sella en
silencio
su secreto
como una
historia más.
José
Luis
Mighetto
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